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Para que el estudio en verano no se convierta en un generador de estrés y ansiedad en la familia, la clave esta basada en que padres e hijos nos pongamos de acuerdo en pactar un “contrato de estudio”.
La planificación de las horas del día a estudiar y el momento del día en que nuestros hijos estudian nos permitirá poder diferenciar la jornada en dos momentos claros: el primer momento de estudio (por la mañana por ejemplo) y un segundo momento de vacaciones por la tarde, donde los niños podrán conectar con el relax, la playa o la piscina, haciendo un corte del momento de estudio.
Padres e hijos deben pactar conjuntamente cuál será el horario de trabajo durante las vacaciones, y cada uno debe asumir su responsabilidad. Es recomendable que el horario pactado estuviera expuesto en un lugar visible. Si los hijos cumplen su parte, los padres cumplen la suya.
El momento de estudio de los hijos durante el verano sean durante las primeras horas de la mañana, después de desayunar. Es el momento del día en el que están más frescos, más descansados y el calor es menos intenso. Es muy positivo hacerles entender que la recompensa de cumplir con el estudio de la mañana, se transforma en libertad durante el resto del día.
Se recomienda que los días de estudio se concentren de lunes a jueves. De esta forma tus hijos tendrán la sensación de que tienen un fin de semana muy largo por delante. Estos tres días de descanso favorecerán que cuando se vuelvan a reincorporar el lunes a sus tareas, las afronten de otra manera, ya que habrán sido capaces de desconectar.

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